| JESÚS ES EL CAMINO Y LA PUERTA QUE NOS HACE AUTÉNTICAS PERSONAS |
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La celebración eucarística fue presidida por Monseñor José Antonio Eguren, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura, y concelebrada por el Pbro. Jorge Dedios, párroco de la Parroquia San Martín de Tour. También asistieron miembros de la Hermandad de San Jacinto Forastero y cientos fieles de la zona. Monseñor Eguren dijo a los presentes que “Jesús es el Camino y la Puerta, estrecha y exigente, pero que nos hace auténticas personas y colma nuestra vida de lo que el mundo no puede darnos.”
“En el fondo - continuó nuestro Pastor - lo que Jesús nos está queriendo decir a cada uno de nosotros es que si quieres salvarte, si quieres en esta vida realizarte, desplegarte como persona, y después de este peregrinar por este mundo alcanzar la felicidad en el cielo, tienes que esforzarte por seguir a Cristo, por ser sus discípulos, por ser como Él, en todo semejante a Él, pensar, sentir, actuar como Él lo haría según tus circunstancias concretas de vida.” Monseñor Eguren manifestó que “Jesús es un camino muy exigente porque Él es la Verdad y el Amor. Porque en Él - como nos dice el Papa Benedicto XVI- la Verdad y el Amor se identifican, se encuentran. Cuando uno se lanza a esta aventura de esforzarnos cada día en ser semejante a Él, lo único que traerá a nuestras vidas es auténtica felicidad, auténtico gozo, auténtica alegría, auténtica libertad. Esto comprendió muy bien San Jacinto. Y por eso desde muy joven, cuando conoció a Jesús, lo descubrió por la fe, le entregó su vida, se decidió a seguirlo. Un joven que venía de una familia muy acaudalada, con posiciones, con honores, con grandezas porque su familia tenía muchos títulos nobiliarios. Pero San Jacinto se da cuenta que los honores, los títulos y menos el dinero no son capaces de darle lo que Jesús le ofrecía: la felicidad, la paz en el corazón, la alegría de los santos, y sobre todo el sentido verdadero de su vida.”
Nuestro Pastor explicó que la imagen de San Jacinto, llevando en su mano derecha la custodia y en su izquierda la imagen de la Virgen, refleja los dos grandes amores que todo cristiano siempre debe tener y cultivar si quiere salvarse y llegar a Cielo: el amor a la Eucaristía y el amor filial María Santísima. “Sin la Eucaristía no podemos perseverar en la vida de los Sacramentos, no podemos configurarnos con Cristo. Sin la devoción sincera a la Madre de Dios, la piedad filial, este amarla y quererla como Cristo la quiso y la amó, tampoco podremos encontrar el camino que nos conduce a Jesús. Por eso nuestro Congreso Eucarístico también fue llamado Mariano, para agradecer a Dios su presencia real en la Eucaristía y la Maternidad divina de María…Si quieres salvarte, entonces sé muy Eucarístico. El mismo Señor Jesús nos dice que ‘el que come mi Cuerpo y bebe mi Sangre tendrá la vida eterna’. También en el Altar de la Cruz nos dejó por herencia a María, nuestra Madre, señalándola como el camino para que siempre lleguemos a Jesús”, concluyó.
Al concluir la Santa Misa, nuestro Pastor entregó al Pbro. Jorge Dedios una reliquia de San Jacinto Forastero traída desde Polonia para ser venerada en la Parroquia San Martín de Tour, causando espontáneos aplausos y manifestaciones de alegría de los cientos de devotos presentes. Cabe recordar que San Jacinto nació en Polonia a finales del siglo XII, hijo de una familia de nobles polacos. Desde temprana edad siente el llamado del Señor. Al conocer en Roma a Santo Domingo de Guzmán decide ingresar a los dominicos. En Cracovia funda el primer convento de su orden al cual ingresan muchos jóvenes siguiendo su ejemplo. Fue un gran predicador y evangelizador del norte de Europa y de Prusia desde donde pasa a Rusia llegando hasta Kiev. Es en Kiev, donde al invadir los tártaros la ciudad, Jacinto se lleva en su huida el Santísimo Sacramento, para que no sea profanado en el saqueo. Pero antes de salir del templo, la imagen de la Virgen se queja de que la deje abandonada. El humilde fraile se excusa, porque no puede con un peso tan grande, pero ante el requerimiento de la Madre la toma de la mano, y huye atravesando a pie enjuto el caudaloso río, seguido de sus frailes. Murió el 15 de agosto de 1257. Fue canonizado por el Papa Clemente VIII el año 1594 y el Papa Urbano VIII fijó su fiesta el día 16 de agosto. En Sechura su fiesta se celebra el tercer domingo del mes de agosto.
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