| Exhortación Pastoral del Arzobispo Metropolitano a toda la Iglesia Arquidiocesana de Piura y Tumbes |
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con ocasión de la Solemnidad de la Natividad del Señor Jesús
A cada uno de nosotros se dirigen estas palabras del libro sagrado del Apocalipsis. Ellas son toda una invitación a hacernos sensibles a la presencia salvadora del Señor Jesús que viene a nosotros en el misterio de Navidad. Él llama a la puerta de nuestro corazón pidiendo humilde posada. Lamentablemente muchas veces los oídos de nuestro corazón están tan llenos de muchos ruidos del mundo, que no podemos percibir la presencia silenciosa del Señor que en compañía de su Madre Santa María y de San José, llama a nuestra puerta. Al mismo tiempo seamos sinceros si realmente estamos dispuestos a abrirle las puertas de nuestro corazón. O tal vez nuestro corazón está tan lleno de otras muchas cosas, que no hay lugar en él, para el Señor Jesús. Así sordos e insensibles a su presencia, llenos de otras cosas, no percibimos lo esencial del espíritu navideño: Él llama a nuestra puerta. Él viene a nosotros esta Navidad trayéndonos la verdadera alegría que vence todas las tristezas y dolores del mundo; aquella alegría que llena la vida de felicidad y que el mundo es incapaz de darnos. Cercana ya la noche santa de Navidad recemos así: “Señor Jesús, haznos sensibles a tu presencia, ayúdanos a escucharte, a no ser sordos a Ti; ayúdanos a tener un corazón dispuesto a acogerte, porque no hay Navidad sin Ti, o mejor dicho: ¡Tú eres la Navidad!"
La Navidad es la alegre noticia de la Encarnación ¡Sí, Navidad es alegría y gozo! No puede haber en efecto lugar para la tristeza, cuando nace aquella Vida que viene a destruir el temor de la muerte y a darnos la esperanza de una vida feliz y de una eternidad dichosa. San Juan María Vianney, el santo Cura de Ars, a quien especialmente miramos en este Año Sacerdotal, expresa así la alegre noticia de la Navidad: “¿A un moribundo sumamente apegado a la vida puede acaso dársele más dichosa noticia que decirle que un médico hábil va a sacarle de las puertas de la muerte? Pues infinitamente más dichosa es la noticia que el ángel anuncia hoy a los hombres en la persona de los pastores” (1).
La Navidad y el Año Sacerdotal
La Navidad y la Familia Familia: no tengas miedo a ser lo que por vocación estás llamada a ser: “Célula primera y vital de la sociedad” (2). “Iglesia doméstica”(3), es decir comunidad de fe, esperanza y caridad. “Escuela del más profundo humanismo”(4), donde se aprenda a respetar y a favorecer la dignidad de los demás, alcanzando la capacidad natural de acogida cordial, encuentro y diálogo, disponibilidad desinteresada, servicio generoso y solidaridad profunda(5). Sé “santuario de la vida”(6), donde se transmita, custodie y desarrolle la vida humana y la vida divina de la gracia, es decir la vida cristiana. No olvides que surgida del matrimonio sacramento, eres camino de santidad y felicidad, frutos de la fidelidad. ¡Familia, sé fuerte! ¡Familia: en ti se fragua el futuro de la humanidad!
La Navidad y la Defensa de la Vida Navidad es ocasión propicia para promover una auténtica “cultura de la vida” en nuestra sociedad contemporánea. En los actuales momentos en que se ha abierto la posibilidad de la despenalización y legalización del aborto en nuestro País, el no de la Iglesia a este crimen abominable es un sí a la vida, que puede alcanzar a todo ser humano en el santuario de su conciencia. La defensa de la vida desde la concepción hasta su fin natural con la muerte, no admite de nuestra parte silencios, excusas, ni excepciones. Todos debemos proclamar que Dios es el único Señor de la Vida, que el hombre no es ni puede ser amo o árbitro de la vida humana. Si nos conmueve hasta la entrañas ver a una gran cantidad de hombres y de mujeres, de niños, jóvenes y ancianos que se ven atropellados diariamente en su dignidad humana y en sus derechos, conmovámonos también con los concebidos no nacidos, los más pobres e indefensos de todos, que se ven amenazados en su derecho fundamental a la vida. Por tanto estemos alertas y vigilantes para condenar y rechazar cualquier intento por aprobar el aborto en nuestra Patria.
La Navidad y la Paz El cristianismo comprende y reconoce la noble y justa lucha por la justicia a todos los niveles, pero prohíbe buscar soluciones por caminos de odio y de muerte. Pidamos hoy al Niño Jesús, que es el Príncipe de la Paz (ver Is 9, 6), para que en el Perú se destierre toda forma de violencia.
Vivamos la Navidad en compañía de María, la Madre de Jesús A todos les deseo una muy Santa y Feliz Navidad y un Año Nuevo lleno de las bendiciones del Señor. Los bendice y pide sus oraciones,
San Miguel de Piura, 20 de diciembre de 2009
(1) San Juan María Vianney, Sermón sobre el misterio. (2) Ver S.S. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal, Familiaris consortio, n.42. (3) Concilio Vaticano II, Constitución dogmática, Lumen gentium, n. 11. (4) Concilio Vaticano II, Constitución pastoral, Gaudium et spes, n.52. (5) Ver S.S. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal, Familiaris consortio n.43; y Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 221. (6) S.S. Juan Pablo II, Carta Encíclica, Centesimus annus, n.39. |
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